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It's a necessary evil
Muchacha olas de papel

Soñado por un señor que cayó con el otoño. Redactado por un ente.

Estaba parado dentro de un local. No me explico qué hacía allí, pero ¿quién puede explicar con exactitud lo que ronda en las tinieblas del inconsciente? Allí, en los confines de lo plausible, lo visible, lo hipotético.
Atiné a salir de aquel lugar, pero en ese momento -para mi sorpresa- colisioné con una muchacha que se encontraba posada en el marco de la puerta. Cuando enlazamos nuestras miradas me di cuenta de que la conocía.
Solía ser una mujer encantadora en todo aspecto: flaca, esbelta, intensa. Pero ahora todo era distinto; había perdido aquella silueta agraciada tan característica y el estilo que la distinguía. Me dio la ligera impresión de que acababa de salir de una internación, o que padecía las secuelas de una tragedia que había invocado una senectud temprana.
A pesar de ese cambio abrupto, noté que su mirada inquisidora no había cambiado ni un poco, era la misma de aquella doncella que supe conocer.  Por lo visto, ella también me reconoció. Estancó en el medio de mi rostro el azul más profundo –quizá infinito- que sus ojos alcanzaban, y con un tono suave y un tanto hilarante esbozó aquellas tres palabras que resonarían el resto de mi vida: “Olas de papel”.

Casi por acto reflejo, bajó la cabeza y arrastró los pies hacia afuera del local. Le tomó la mano a una mujer –que presumo que era su madre- y se desvaneció envuelta en una brisa otoñal.

Claude Monet » Water Lilies